1 Del volante a Marte / 2 La doble ganancia de nuestra inversión en educación especial10 min read
Tiempo de lectura: 6 minutos1. Del volante a Marte
Texto: Juan Diego Bernal, Managing Director Tecnología, A&G Global Investors Inversiones Alternativas.
Llevábamos meses dándole vueltas. Tras más de una década de uso, mi familia y yo decidimos jubilar nuestro querido coche. Tras semanas de deliberación y pruebas, la conclusión fue tan clara que me sorprendió haber invertido tanto tiempo en el análisis: tenía que ser eléctrico. 100 % eléctrico.
No fue una decisión ideológica, aunque la ecología no es un argumento que yo precisamente rechace. Era, sobre todo, una decisión de eficiencia, de pragmatismo y de ingeniería. Al observar con detenimiento el progreso de los coches eléctricos durante la última década, resulta difícil defender cualquier otra tecnología con la misma determinación… y esto lo digo con la vehemencia de quien se ha pasado demasiadas noches comparando prestaciones, y analizando pros y contras.
La diferencia entre un vehículo eléctrico y uno de combustión interna, el de toda la vida, es sustancial. Por ejemplo, un motor de combustión interna puede tener, dependiendo del modelo, entre 1.000 y 2.000 piezas móviles. Del mismo modo, un inyector diésel moderno mantiene presiones pico entre 1.000–2.500 bar. Para poner esto en perspectiva, pensemos que en el fondo de la Fosa de las Marianas (el punto más profundo de la Tierra, localizado a ~11 km bajo el nivel del mar) tiene una presión de 1.100 bar. Todo ello es un logro técnico maravilloso, pero también, comparativamente, un concepto radicalmente diferente en cuanto a eficiencia y eficacia.
Por su parte, el motor eléctrico tiene, en esencia, una sola parte que gira: el rotor. Eso no es un detalle estético, es una diferencia estructural que lo cambia todo: menos fricción, menos calor, menos desgaste, menos mantenimiento.
Sin embargo, bajo mi punto de vista, la revolución no está solo en el motor, sino en la batería, En 2010, una celda de ion-litio para automoción costaba unos 1.100 dólares por kilovatio-hora. En 2024, ese precio ya había caído por debajo de los 100, una caída del 90% en catorce años. Ninguna otra tecnología energética ha bajado de precio tan rápido, ni siquiera los paneles solares.
Además, en términos de eficiencia, el motor eléctrico convierte entre el 85% y el 95% de la energía en movimiento, frente al 20%-40% de uno de combustión. Añádanle el par motor instantáneo y ese silencio casi indecente al arrancar y moverse, y queda claro que no es solo una evolución del motor de combustión interna, sino algo mucho más profundo.
Toda revolución viene determinada por la economía de los recursos y, en el caso de la revolución energética y eléctrica, se necesitan grandes cantidades de litio, cobre, níquel, grafito y manganeso. ¿Hay suficiente de estos materiales? La respuesta honesta es: casi con total seguridad sí, aunque no sin esfuerzo.
En el Master Plan Part 3 presentado por Tesla en 2023, la compañía estimó que una economía mundial completamente electrificada requeriría 30 teravatios de generación renovable y 240 teravatios-hora de almacenamiento. Para hacernos una idea de la magnitud de estas cifras, hoy día, hay 9-10 teravatios de energía instalada a nivel mundial (incluyendo carbón, gas, nuclear, hidro, renovables, etc.). Por otro lado, las cantidades de minerales necesarias representarían menos del 50%-60% de las reservas actuales estimadas. Es una cantidad absurdamente enorme, sí, pero no una barrera insuperable. Además, si algo nos ha enseñado la historia de forma consistente es que cuando un recurso mineral se vuelve estratégicamente valioso, la humanidad lo busca con más intensidad…y siempre encuentra más de lo que esperaba.
Hasta aquí, podríamos estar hablando únicamente de transición energética. Pero lo verdaderamente interesante empieza ahora.
Elon Musk sostiene que la humanidad debe dejar de quemar cosas para obtener energía. Y lo hace, no solo por razones climáticas, sino por una cuestión de supervivencia civilizatoria. Su objetivo declarado con SpaceX no es solo construir cohetes, sino convertirnos en una especie multiplanetaria. Así es, su verdadera vocación radica en conseguir que el ser humano ponga un pie en Marte y establezca allí una colonia permanente. Terraformación marciana.
Para conseguir esto. hacen falta dos elementos que apenas están empezando a desarrollarse: cohetes completamente reutilizables (Starship es el sistema de Elon para conseguirlo) y una infraestructura energética capaz de producir combustible in situ. El candidato perfecto para este último punto es el metano (CH4), ya que puede ser sintetizado a partir de CO2 atmosférico marciano e hidrógeno (H2) obtenido del hielo del subsuelo, usando energía eléctrica.
Y aquí aparece el vínculo que nadie señala con suficiente énfasis: para que todo esto funcione, para que haya cohetes que vuelen repetidamente y existan colonias humanas extraterrestres, necesitas energía eléctrica abundante, barata y limpia. No solo en Marte. También en nuestra querida Tierra: para fabricar los cohetes, para diseñar los sistemas, para entrenar a las personas y para mantener la infraestructura terrestre de una operación de tal magnitud.
Así, los ingenieros de Tesla que diseñan celdas de batería más densas, baratas y duraderas están, sin saberlo, diseñando las baterías que alimentarán los hábitats de Marte. Los que trabajan en carga ultrarrápida están resolviendo el problema de la recarga de los rovers de exploración en entornos donde no puedes esperar horas. Los que desarrollan algoritmos de gestión energética están sentando las bases del software que administrará microrredes en la superficie de otro planeta.
Tesla y SpaceX no son dos empresas de un hombre neurodivergente o con intereses dispersos. Son dos piezas del mismo argumento. La transición energética de la Tierra es, entre otras cosas, el ensayo general de la infraestructura energética que necesitarás en cualquier otro planeta.
La pregunta de fondo es: ¿habría tanto dinero, tanto talento y tanta urgencia en torno a la energía eléctrica si no existiera esta visión de especie multiplanetaria?
No tengo una respuesta definitiva. Sospecho que sí que habría transición energética, impulsada por el clima y por la economía. Pero hay algo en la presión que ejerce la visión marciana que convierte la optimización en urgencia. No es lo mismo mejorar un sistema porque es lo correcto, que saber que necesitas dominarlo para hacer algo que nunca se ha hecho antes. Es el elefante en el centro de la habitación del que nadie habla, pero creo verdaderamente que el sueño multiplanetario de Elon es una fuerza impulsora de toda esta transformación del sector energético e industrial. Veremos… el mundo gira muy rápido e, impulsado por la tecnología, aún más.
2. La doble ganancia de nuestra inversión en educación especial
Texto: Gonzalo Díaz-Criado, Asociado de Private Equity Buyouts, A&G Global Investors.
Cuando hablamos de private equity, es fácil quedarnos solo con los múltiplos. Pero hay inversiones donde el retorno financiero y el impacto social no compiten entre sí, sino que se refuerzan mutuamente. Nuestra co-inversión en la empresa basada en Connecticut, EE.UU., Harbor Education Group (HEG), es un buen ejemplo de ello.
Un negocio que crece porque resuelve un problema real
HEG opera una red de colegios en Estados Unidos, especializados en la atención a niños con autismo severo (nivel II y III), ofreciendo un conjunto de terapias y una enseñanza académica adaptada al plan de aprendizaje individualizado de cada alumno. No es un mercado cualquiera: los diagnósticos de autismo profundo se han duplicado desde 2007, lo que representa un crecimiento anual cercano al 8%, y la ley obliga a garantizar educación especial gratuita y personalizada a cada estudiante que la necesita. Eso convierte a HEG en un proveedor de un servicio esencial, con una demanda que no depende del ciclo económico.
A esto se suma una tendencia estructural de fondo: los distritos escolares de Estados Unidos recurren cada vez más a proveedores externos especializados para prestar este tipo de educación, pasando de un 30% de los distritos en la actualidad a un 37% estimado para 2026. Es un mercado además muy fragmentado —apenas 5 actores a nivel nacional, la mayoría con menos de $5M de ingresos anuales—, lo que deja a HEG en una posición competitiva privilegiada.
Esa combinación —necesidad social ineludible, financiación pública garantizada y un mercado fragmentado con pocos actores de escala— es también lo que hace tan atractiva la tesis financiera: ingresos predecibles, estancias plurianuales de los alumnos y listas de espera que, lejos de reducirse, han seguido creciendo (114 alumnos en lista de espera al cierre del segundo trimestre de 2026, frente a 96 el trimestre anterior).
Los números lo confirman
Desde nuestra entrada, los resultados que nos ha reportado Excolere Equity Partners (EEP), el socio mayoritario de la inversión, han superado sistemáticamente las expectativas:
- Ventas LTM T2-26: $61,1M, un +49% interanual
- EBITDA LTM T2-26: $16,5M, un +41% interanual
- CAGR 2022–2025 de ventas y EBITDA: 73% y 112% respectivamente
- Margen EBITDA: en torno al 28%, con una estructura de capex por unidad muy eficiente ($400k de apertura, $35k/año de mantenimiento)
- Ocupación: el segundo trimestre cerró con 356 alumnos matriculados, 30 más que al cierre del trimestre anterior
Por qué esto importa
Lo interesante de esta inversión no es solo que vaya bien en términos financieros y que, además, tenga impacto social. Es que el impacto social es, en gran medida, la causa del buen desempeño financiero. Cada nueva plaza que HEG abre para un niño en lista de espera es, a la vez, ingreso recurrente para la compañía y acceso a una educación que la ley le reconoce a ese niño, pero que el mercado, sin actores como HEG, no siempre logra proveer con la calidad y la escala necesarias.
A esto se suma que, Excolere Equity Partners es un sponsor especializado en el sector educativo —con un track record atractivo de 3,1x MOIC y 32% de TIR bruta en inversiones previas en esta industria durante 2014 y 2017 según nos informó el Managing Partner de EEP— y unos fundadores que han reinvertido cerca de $50M, dos tercios de sus proceeds, para seguir alineados con el proyecto a largo plazo.
No hace falta elegir entre rentabilidad e impacto
Cuando el modelo de negocio está construido sobre una necesidad social real y bien atendida, ambos crecen juntos. Seguimos convencidos de que este es exactamente el tipo de inversión que buscamos: buena para el retorno de nuestros inversores, y buena para las familias a las que HEG atiende cada día.
Detrás de cada cifra de este informe hay una lista de 114 familias (según la lista de espera oficial de HEG) esperando una plaza para un hijo con autismo severo. Y detrás de cada plaza que se abre hay un ingreso recurrente, un contrato con financiación pública garantizada y un margen que no deja de crecer. Pocas veces el interés del inversor y el interés social están tan claramente alineados: aquí, cuanto mejor le va al negocio, a más niños llega una educación que la ley les debe pero que el sistema, por sí solo, no siempre consigue ofrecer a tiempo.
