Negociación y desarrollo2 min read

Tiempo de lectura: 2 minutos A pesar de la persistencia de riesgos geopolíticos y de un entorno macroeconómico menos favorable, los inversores han optado por mantener una visión constructiva.

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Tiempo de lectura: 2 minutos
Texto: Departamento de Asesoramiento y Análisis de A&G

El segundo trimestre del ejercicio ha vuelto a poner de manifiesto la capacidad de los mercados para mirar más allá de la incertidumbre inmediata. Las principales bolsas han registrado avances de doble dígito, impulsadas por unos sólidos resultados empresariales y, especialmente, por el buen comportamiento del sector tecnológico. A pesar de la persistencia de riesgos geopolíticos y de un entorno macroeconómico menos favorable, los inversores han optado por mantener una visión constructiva, descontando que estos factores tendrán un impacto limitado y, sobre todo, temporal sobre la inflación y el crecimiento.

Sin embargo, más allá del comportamiento de los mercados, seguimos asistiendo a cambios de mayor calado. El nuevo orden mundial continúa tomando forma y, con él, aparecen nuevas fuentes de incertidumbre que conviene seguir de cerca.

En el corto plazo, la evolución del conflicto en Oriente Medio y la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz han reducido parte de la tensión. Pero también dejan una conclusión relevante: la energía probablemente incorporará una prima de riesgo más elevada de forma estructural.

Al mismo tiempo, la Reserva Federal continúa siendo otro de los grandes focos de atención. Los mercados siguen reajustando sus expectativas sobre los tipos de interés. Antes de la guerra se esperaban hasta 3 bajadas este año y ahora estamos hablando de una o dos subidas de tipos por parte de la Reserva Federal.

Si levantamos la vista del corto plazo, probablemente el verdadero factor que marcará este ciclo económico sea otro: la inteligencia artificial. Más allá de su impacto en determinados sectores o compañías, estamos ante una transformación que afecta a la productividad global, los modelos de negocio y, en última instancia, a la forma en que trabajamos y vivimos. Es un proceso todavía muy temprano, con un enorme potencial, pero también con interrogantes que exigirán tiempo para resolverse. No hay visibilidad suficiente para apostar con rotundidad por ninguno de los dos escenarios contrapuestos.

Nos esperan años especialmente interesantes para los inversores. En un entorno donde los cambios serán cada vez más rápidos, será fundamental mantener la capacidad de adaptación sin renunciar al rigor. Las valoraciones seguirán siendo importantes, pero entender las grandes tendencias que están transformando la economía será, probablemente, igual de decisivo.

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